domingo, enero 24, 2010

La insoportable falta de compasión

Me vino a la mente hace unos días un viejo refrán que escuchaba en mi casa cuando era pequeño. El mismo asegura:

“Un grano no hace un granero, pero ayuda al compañero”.

Pretendía enseñarme que no era despreciable lo poco que yo pudiese hacer de bueno, ya que mi esfuerzo sumado al de otros que creyeran lo mismo lograría una gran diferencia. El truco es, justamente, que todos pensásemos así.

He llegado a creer que gran parte de los problemas que tenemos, como humanidad, tienen origen justamente en que no nos creemos esto. No sólo por no hacer ese “algo bueno” que sumado a lo de los demás acabaría, por ejemplo, con males como la desigualdad. Sino porque lo llevamos además al otro extremo, pensamos que si hacemos algo malo, si violamos alguna ley, si tomamos alguna ventaja indebida, etcétera, no se ha de notar porque todos los demás sí se comportarán como corresponde. Vivimos claramente equivocados.

Pero repensando el asunto desde el porqué no hacemos lo bueno que sí podemos, se me cruzaron estos párrafos de La insoportable levedad del ser (1) , y se me amplió un poco el rango de pensamiento.

“Todos los idiomas derivados del latín forman la palabra ‘compasión’ con el prefijo ‘com’ (2) y la palabra pas-sio que significaba originalmente ‘padecimiento’. Esta palabra se traduce a otros idiomas, por ejemplo al checo, al polaco, al alemán, al sueco, mediante un sustantivo compuesto de un prefijo del mismo significado, seguido de la palabra ‘sentimiento’; en checo: sou-cit; en polaco: wspólczucie; en alemán: Mit-gefühl; en sueco: med-kánsla.

En los idiomas derivados del latín, la palabra ‘compasión’ significa: no podemos mirar impertérritos el sufrimiento del otro; o: participamos de los sentimientos de aquel que sufre. En otra palabra, en la francesa pitié (en la inglesa pity, en la italiana pieta, etc.), que tiene aproximadamente el mismo significado, se nota incluso cierta indulgencia hacia aquel que sufre.

[…]

Este es el motivo por el cual la palabra ‘compasión’ o ‘piedad’ produce desconfianza; parece que se refiere a un sentimiento malo, secundario, que no tiene mucho en común con el amor. Querer a alguien por compasión significa no quererlo de verdad.

En los idiomas que no forman la palabra ‘compasión’ a partir de la raíz del ‘padecimiento’ (passio), sino del sustantivo ‘sentimiento’, estas palabras se utilizan aproximadamente en el mismo sentido, sin embargo es imposible afirmar que se refieran a un sentimiento secundario, malo. El secreto poder de su etimología ilumina la palabra con otra luz y le da un significado más amplio: tener compasión significa saber vivir con otro su desgracia, pero también sentir con él cualquier otro sentimiento: alegría, angustia, felicidad, dolor. Esta compasión (en el sentido de jvspó/czucie, Mitgefübl, madkansld) significa también la máxima capacidad de imaginación sensible, el arte de la telepatía sensible; es en la jerarquía de los sentimientos el sentimiento más elevado”.

Para mí el poder de las palabras es trascendental. Y Kundera pareciera proveer, al menos a mí, una explicación de porqué nuestra compasión es tantas veces pasiva. Miramos el padecimiento de otros. En el mejor de los casos nos entristecemos por el dolor ajeno, pero no nos moviliza lo suficiente.

Es increíble, porque en una “mala” etimología, com-pasión pudiera entenderse como con-pasión. O sea “con” toda la fuerza de la pasión (en el sentido que hoy le damos al término).

Nos apasionamos por un deporte, justificando muchas veces desmanes por la pasión que determinados ejemplares de la raza humana profesan por ciertos equipos o agrupaciones. Por la pasión (utilizada como sinónimo de apetito) sexual, por ejemplo, hacemos cosas inimaginables. Y se podría seguir dando ejemplos.

Con esa pasión, no nos importa cuánto hagan los demás. La pasión nos ciega y hacemos lo que tenemos que hacer, lo que queremos hacer, lo que la pasión nos dicta. No somos pasivos. Somos activos.

Sería interesante empezar en las escuelas a enseñar un nuevo significado de la palabra con-pasión, aunque la regla ortográfica quede pisoteada, y enseñarles a los chicos que cuando se ve una injusticia, su esfuerzo, su con-pasión, es capaz de hacer la diferencia. Hasta me parece que debería reescribir el refrán con el que empecé:

Con-pasión, un grano no hará un granero, pero ayudara al compañero”.

El significado en los idiomas de los pueblos a los cuales los latinos en algún tiempo llamamos bárbaros, me gusta más. Con pasión, con sentimiento. Compartir no sólo pasivamente el dolor del otro, compartir (partir, romper, en conjunto) el sufrimiento para hacerlo desaparecer. Con sentimiento, sentir también las alegrías de los demás en vez de envidiarlas, en vez de querer opacarlas.

Animémonos a educar a nuestros hijos en la compasión a la “bárbara”, con-pasión. Si todos ponemos hoy un granito, ellos tendrán un granero.


Referencias:

(1) La insoportable levedad del ser. Milan Kundera. Editorial Tusquets, 2008.
(2) En conjunto, en compañía.


J. R. Lucks




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