domingo, agosto 09, 2009

Palabras de moda I

Hay una palabra, entre otras, que parece gustarle mucho al mundo de hoy. Me refiero a la inmediatez.

Queremos las cosas ya. Inmediatamente. La información, los placeres, los gustos. Lo disfrutable lo es más si es ya, ahora, en este momento, en este instante… como si no hubiese mañana, como si no fuese a haber futuro.

El refrán por excelencia para soportar este afán de inmediatez, esta desesperación por lo rápido, por lo urgente, es tal vez uno de los más conocidos:

“No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.

En realidad se ha refinado un poco; así es que nos recomiendan:

“No dejes para mañana lo que puedas comprar, hoy. Créditos al instante”

O podría ser:

“No dejes para mañana las vacaciones en este lugar paradisíaco. Con los cambios en el clima es probable que se desertifique prontamente.”

Hasta tal vez:

“No dejes para mañana lo que puedas consumir hoy. Mañana tal vez ya no esté de moda y no pueda vendértelo”

Seguramente estoy exagerando, pero siguiendo la misma línea de pensamiento prefiero no dejar para mañana lo que puedo exagerar hoy. Tal vez mañana, muy probablemente si seguimos como vamos, ya no sea una exageración.

Inmediato quiere decir que sucede sin tardanza, enseguida; pero también cercano, contiguo, próximo… prójimo. Es interesante porque el prefijo in, que en muchas palabras significa negación (in-moral por ejemplo), aquí significa “en”, o “dentro”. O sea inmediato es: en lo mediato, en el medio, en el momento en el que estamos, en el lugar en el que estamos.

Inmediato es urgente. Como el refrán sugiere: hoy, no mañana. El problema, para los que lo vemos, es a qué le damos urgencia. Como casi siempre la culpa no es del martillo sino del que lo empuña.

Que tal si en lo inmediato nos preocupamos por atender lo verdaderamente inmediato, o sea lo próximo, lo cercano, lo que nos requiere, los que nos grita por favor que lo atendamos. Que tal esta lista de cosas próximas que son inmediatas:

• Hijos que necesitan límites.
• Vecinos con necesidades.
• Niños con hambre.
• Gente sin trabajo a la cuál pudiésemos ayudar.
• Corrupciones que denunciar.
• Parientes que necesitan una mano; o ni tanto, tal vez una oreja; o inclusive menos, una sonrisa.

¿Por qué dejar eso para mañana? ¿Por qué al ser inmediatistas lo somos sólo para algunas cosas? ¿Por qué no ponemos en serio de moda la palabra inmediato y nos dedicamos con urgencia a resolver temas que una vez resueltos, en lo inmediato, dejen de hipotecar el futuro en el que parecemos no creer pero que es tan indefectible como la muerte? ¿Qué tal educar en lo inmediato, para que no tengamos que sufrir la cercanía, la inmediatez, de la pobreza de los que no saben y por eso no pueden? ¿Qué tal construir en lo inmediato medios para que tengamos un país mejor, y no tengamos que sufrir la proximidad, la inmediatez, de la inseguridad que nosotros mismos producimos?

Tal vez me haya equivocado, como tantas otras veces, y lo que esté de moda no sea la inmediatez. Tal vez lo que está de moda es la in-madurez, la falta de ese crecimiento que nos hace discernir qué es lo que hay que hacer hoy y no dejar para mañana, porque si lo dejamos hoy el mañana va a ser una porquería.

Como siempre soy optimista, tal vez no en los resultados inmediatos, pero sí en un mañana en el cual inmediatamente me tengo que poner a trabajar: con mis actitudes, con mis hechos y no sólo con mis palabras, con la educación que les doy a mis hijos… con lo que definitivamente no debo dejar para mañana.



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domingo, agosto 02, 2009

Consensos posibles

Está de moda por estos días en mi país la palabra consenso. Consenso viene de sentir, que significa percibir con los sentidos, pero también darse cuenta, pensar, opinar. Por otra parte, el prefijo con significa en unión, en colaboración (co-laborar, de hecho, es trabajar junto con otros).

Me movió a pensar en esto de los consensos un poema que releí de Sor Juana Inés de la Cruz, llamado: “Finjamos que soy Feliz”. Un fragmento del mismo dice así:

“…

Todo el mundo es opiniones
de pareceres tan varios,
que lo que el uno que es negro
el otro prueba que es blanco.

A unos sirve de atractivo
lo que otro concibe enfado;
y lo que éste por alivio,
aquél tiene por trabajo.


El que está triste, censura
al alegre de liviano;
y el que esta alegre se burla
de ver al triste penando.

Los dos filósofos griegos
bien esta verdad probaron:
pues lo que en el uno risa,
causaba en el otro llanto.

…”

Y eso que Sor Juana estaba en un convento en el que, probablemente, no hubiese mucho lugar para el disenso, o sea para sentir, pensar u opinar diferente.

¿Será factible el consenso?, ¿podremos opinar igual?, ¿hará falta que opinemos, sintamos o pensemos igual?

Muchos de los que se llenan la boca con el consenso son en realidad intolerantes que lo único que quieren es que se haga lo que ellos dicen, o sea que el otro haga lo que a ellos se les ocurre. Obviamente hablo de mis amigos los políticos. En general los que piden consenso son los que no están en el poder… hasta que llegan a el, una vez allí, ya no les parece tan seductor el escuchar al otro.

Pareciera que el consenso, de poder existir, es la solución sub-óptima, porque si Sor Juana tiene razón –lo cuál es muy probable– partimos de puntos de vista diferentes; o tiene razón uno o el otro. Para lograr un consenso, un punto medio, ambas partes deberán dejar de pensar algo de lo que piensan, ignorar parte de sus opiniones.

Esta es la versión de consenso que muchos tienen, lamentablemente, y por eso es difícil llegar allí.

A mí me gusta pensar de otra forma, el consenso no es dejar parte de lo que pienso u opino de lado para no tener que matarme contra el otro. El consenso puede ser creativo, educativo. Mi punto de vista es parcial, igual que el del otro, el consenso se logra cuando ambos nos “educamos” en lo que aún no pensamos, en lo que aún no hemos sentido u opinado. Cuando con más información, ambas partes, miramos nuevamente la realidad, el consenso comienza a ser más razonable, más posible.

Son Juana tiene razón, pensamos distinto, sentimos distinto, pero en mi opinión es muchas veces por ignorancia, por no saber lo que el otro piensa y por no poder ver desde el punto de vista del otro.

Para definir con-senso, usé una palabra que me gusta más: co-laboración. Trabajar junto con otros es más fácil que pensar y sentir lo mismo. ¿Qué tal si buscamos cosas en las cuales se pueda co-laborar?, aun si no hay consenso en el cómo. Soy un convencido de que si todos trabajamos en lo mismo, aunque opinemos diferente en algunas cosas, vamos a lograr más que si tratamos de llevarle la contra a Sor Juana.

El consenso es bueno, es crecer, es encontrar una verdad más allá de la propia verdad, no es perder un pedazo de opinión. Trabajemos para eso, pongámonos de una vez, y en serio, a “co-laburar”.




J. R. Lucks



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