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domingo, octubre 17, 2010

Verdades no evidentes

Hace un tiempo leí un cuentito que me resultó interesante. El susodicho tiene su lado “tierno”, así como además una notable cuota de crueldad. Dice lo siguiente:

“Un día mi madre salió, y mi padre quedó a mi cargo.

Yo tendría entre dos y tres años, y uno de mis juguetes favoritos era, por ese entonces, un juego de té que alguien me había regalado.

Mi papá estaba en el living mirando el noticiero de la noche, cuando le llevé una pequeña taza de té conteniendo en realidad no más que agua.

Después de varias tazas, y de muchas alabanzas por la riquísima bebida, mamá llegó a casa. Mi papá la hizo esperar en el living para que me viera traerle una nueva taza de té, porque a él le había parecido la cosa más tierna que había visto.

Mi mamá aguardó, me vio venir caminando por el pasillo con la taza de té para papá, y lo miró sin decir palabra mientras la tomaba.

Luego de que acabara de beberla, mi mamá, rompiendo todo el encanto y haciendo alarde de algo que en realidad sólo una madre podría saber, le dijo:

-¿No se te ocurrió que el único lugar en que la nena puede alcanzar agua es en el inodoro?"


Inmediatamente vinieron a mi mente algunos refranes, por ejemplo éste que ese padre habrá de tener en cuenta a partir de su experiencia:

“De los escarmentados nacen los avisados”.

Efectivamente, la experiencia hace que uno vea lo que mira con otros ojos; poniendo en este “ver” ya no sólo el sentido de la vista sino además otras capacidades, como la memoria, el razonamiento, etcétera. Para eso otro refrán aplica:

“La experiencia no se fía de la apariencia”.

No siempre las apariencias engañan, pero muchas veces sí; de allí que no todas las verdades son evidentes, ni todo lo que parece evidente es cierto.

¿Cuánta “agua de inodoro” tomamos hoy en día, en que lo “ofrecido” con aparente “ternura” es tanto? ¿Cuánta oferta que a los ojos resulta tentadora no es más que gato por liebre? ¿Cuánta experiencia hace falta para discernir correctamente?

Discernir es una palabra que me parece maravillosa. Pasar por un cernidor –por un “colador”–, que deje pasar lo que queremos que pase y retenga lo que queremos que quede. ¿Dónde se aprende a cernir las ofertas para retener las buenas y descartar las malas?, ¿sólo a los golpes, o se podrá pensar un poco aunque para el ansia de venta de muchos eso sea un pecado mortal?

No es cierto que como todo es “barato”, o “alcanzable”, o “accesible” en función de cuotas o financiaciones “sin interés” –aparente–, no resulta oneroso equivocarse y tomar agua de inodoro pensando que es té u otra bebida “potable”.

En fin. Ojalá que al menos en las ofertas que nos hacen hubiese algo de ternura, y no sólo intención de engañar. No se puede vivir paranoico pensando que toda agua es de inodoro, pero tampoco tan ingenuamente como para creer que todo lo que parece puro y transparente lo es, aunque sea barato –o justamente porque lo aparenta.

Algo de agua sucia habrá que estar preparados para tomar de vez en cuando; ya que aunque sea mala, sucia, o no cumpla con lo que creímos que iría a cumplir, no se puede vivir sin tomar. Para eso, y “estirándolo” para que sirva a efectos mayores, es muy cierto que:

“Nunca digas de esta agua no beberé”

… aunque sea de inodoro. Eso sí, no tan seguido, ¿no?


J. R. Lucks



miércoles, abril 16, 2008

17-04-08. La mujer, unplugged

La temática de la mujer es para mí de lo más interesante que existe, incluso más que la religión, la política, la filosofía o la ontología. Ha de deberse al hecho de ser varón. No sé. Algún día terminaré de escribir un libro que hace mucho empecé sobre la mujer, y tal vez entonces, en él, logre y me logre explicar el por qué.

Esta fascinación que la mujer causa en el varón no es privativa mía, y creo que tampoco pasa exclusivamente por los arranques hormonales que, al menos en mi caso, deje de tener por cuestiones de edad hace ya algunas décadas. Tiene que ver con el misterio que la mujer representa, con la fuerza que tiene por un lado, y la delicadeza que implica la feminidad por el otro. Con el hecho de que es un ser más completo que el varón desde varios puntos de vista, habiendo la ciencia terminado por comprobar que, vía clonación, la única cosa que las mujeres no podían hacer por su cuenta, reproducirse, deja de ser un problema.

Este deslumbramiento al que me refiero, hace que interactuar con una mujer, “tocar” a una mujer, sea más que un tocar cualquiera. Hay, entre otras, una película que me impresionó profundamente, y que podría volver a ver cientos de veces: Don Juan De Marco (1). En ella, mientras el joven Don Juan crece y va aprendiendo su supuesto arte de complacer, descubre como debe tocarse a una mujer. Lo dicho ocurre entre las escenas iniciales de la película, cuando el personaje central, jugando con sus amigos mientras espía a una vecina, queda repentinamente absorto ante una visión que lo inmoviliza. La mujer, probablemente intuyendo que los niños la miran, abre la ventana y se asoma sugestivamente, mientras se escucha en off el siguiente relato:

“Cierta noche ventosa, por la ventana, vi a Doña Querida en su camisón de seda y noté… por primera vez... cómo las prendas íntimas de una mujer apenas tocan su piel... cómo parecen posar sobre una delgada capa de aire cuando ella se mueve... cómo la seda flota sobre su cuerpo, acariciando su piel como lo harían las alas de un ángel... y entonces comprendí cómo se debe tocar a una mujer”.

Este Don Juan (2) no es el típico abusador de damiselas que algunos autores construyen en varias de sus versiones, es más bien alguien permanentemente enamorado, o fascinado con lo femenino, capaz de matar o matarse por amor. Alguien capturado por el enigma que la mujer representa.

El misterio siempre atrae, pero como en general se asigna a lo misterioso rango de divino, o de sobrehumano, se pone un abismo entre el hombre y el misterio que sólo admite como medio de comunicación la fe, o en el peor de los casos la superstición. En el caso de la intriga que representa la mujer, al menos para mí, la interacción factible es mucho más rica en posibilidades, y muchas veces bastante más divertida que la que plantea la fe. La mujer está allí, no nos separa de ellas un abismo. La mujer comparte la condición humana con el varón, no son sobrenaturales, aunque muchas veces sean divinas. Esta cercanía hace más interesante el misterio, más familiar la interacción, mucho más excitante la investigación porque se parte de elementos comunes. Elementos que a su vez muchas veces terminan siendo una trampa para el entendimiento, ya que los varones tendemos a subestimarlos por considerarlos compartidos.

La mujer es campo de estudio de la encarnación del misterio. De lo que no se puede abarcar o comprender, pero con lo que sí se puede salir a cenar o compartir el amor. Tiene eso de inalcanzable junto con un aspecto familiar u hogareño.

Qué no se podría escribir, o citar sobre la mujer. En esta tarea que me propuse de difundir literatura permítame seguir, luego de haber traído al tapete a Son Juana, con otra mujer (3) que habla –o más bien escribe– sobre su propio género de la siguiente manera:

“Mujeres: Ellas sonríen cuando quieren gritar. Cantan cuando quieren llorar. Lloran cuando están felices y ríen cuando están nerviosas. Luchan por lo que quieren. No toman un ‘no’ por respuesta cuando creen que hay una mejor solución. Andan sin zapatos nuevos para que sus hijos puedan tener los suyos. Van al médico con una amiga asustada. Aman incondicionalmente. Lloran cuando sus niños sobresalen y animan a sus amigos a que lo hagan. Se les rompe el corazón cuando muere un amigo. Sufren con la pérdida de un miembro de la familia, aunque son fuertes cuando creen haber perdido la fuerza. Saben que un beso y un abrazo pueden curar un corazón herido. Las mujeres vienen de todos los tamaños, colores y formas. Ellas manejan, vuelan, caminan, corren o escriben por correo electrónico para demostrarte cuanto les importás. ¡El corazón de una mujer es lo que hace al mundo girar! Las mujeres hacen más que sólo dar a luz. Traen alegría y esperanza. Ellas dan compasión e ideales. Dan apoyo moral a sus familiares y amigos. Las mujeres tienen mucho que decir y mucho que dar”.

La autora de esta descripción es la humorista gráfica Maitena, y el citado párrafo está incluido en uno de la serie de libros publicados por ella, llamados Mujeres Alteradas. Es interesante porque la mujer se auto describe como capaz de todos los extremos, lo sabe y en general no le molesta, todo lo contrario. Eso es parte de lo que, al menos a mí, me produce fascinación. Tal vez sea por su naturaleza, tal vez por tratar durante siglos de cumplir con el pedido del cual se quejaba Sor Juana, pero es así: puede ser tierna o dura; fuerte como el acero o flexible como una rama de joven junco; capaz del mayor sacrificio o aparentemente superficial, al menos desde un punto de vista externo al de ella. Los extremos, lo aparentemente contradictorio, lo que es difícil encontrar en un solo estuche… es siempre lo fascinante.

Otro de los temas que no pueden pasarse por alto cuando se habla de mujeres, es el largo camino que han recorrido –como sugeriría el comercial de cigarrillos orientados a ellas–, lo cual es cierto. Por la razón que sea, la mujer ha sido subestimada terriblemente, al punto de no ser considerada ciudadana en la antigua Grecia de los grandes filósofos, o incluso tratada como un ser inferior y comparable a los niños.

“... el macho es por naturaleza superior y la hembra inferior; uno gobierna y la otra es gobernada, este principio de necesidad se extiende a toda la humanidad” “... el esclavo no tiene voluntad; el niño la tiene, pero incompleta; la mujer la tiene, pero impotente.”

La cita anterior no está extractada de un libro de chistes machista, sino de La Política (4), de Aristóteles. Si de ésta definición de un pensador que marcó la cultura occidental por siglos, a la situación que la mujer tiene hoy en la sociedad no se ha recorrido un largo camino, entonces caminar no existe. Hay cientos de trozos de literatura como este que no eran considerados discriminatorios en su época, sino solamente descriptivos. En otras culturas fue tratada como un ser demoníaco, o directamente como una posesión. Gracias a la evolución y a que muchas mujeres pelearon contra este tipo de pensamiento, hoy la situación es radicalmente distinta.

Efectivamente han recorrido un largo camino. El asunto es que parece que no han llegaron aún a su destino final. Hoy la mujer ya puede votar –recuerden que este derecho sólo fue adquirido hace no mucho más de cincuenta años–, accede a todos los derechos civiles –no siempre fue así–, ha dejado de ser tratada como una posesión –al menos en gran parte del mundo–, no necesita encerrarse en un convento para ser intelectual; pero aún pareciera no haber encontrado un lugar en el cuál su identidad sea “propia” en vez de ajena. Para ilustrar lo que digo, vean lo que otra gran mujer, Gabriela Acher (5) en este caso, dice en una de sus publicaciones (6):

“...No hay duda de que la mujer se encuentra hoy ante el desafío más grande de su historia: el de convertirse en lo que es. Y este es un proceso que ya lleva varias etapas. La primera fue al de tratar de parecerse a lo que se esperaba de ella. Por eso sostengo que la historia nos condenó a la histeria. Porque en la desesperación de gustar no se puede ser. La segunda, muy en boga en nuestros días, es la de imitar al hombre. Conducta en un punto inevitable, ya que el hombre ha sido nuestro único modelo, pero que también conduce a un camino de alineación. Pero hay una tercera etapa esperando por nosotras y esta será la de encontrar nuestra auténtica identidad partiendo de lo mas profundo de nuestra feminidad.”

Creo que se puede coincidir con Acher. El punto al que "parecen" haber llegado en muchos casos, siendo esto obviamente una generalización, es al de imitar al varón sin haber dejado de ser “la” que los demás quieren, y de allí que muchas mujeres deban, entre otras cosas, aún correr constantemente para “lucir” como los modelos físicos que el varón les inventa. Por otra parte no dejaron de ejercer la función biológica que les es exclusiva, la de gestar. O sea que hoy, generalizando nuevamente, son profesionales, y llevan adelante la casa, y estudian, y practican deportes extremos, y tratan al sexo como ellas criticaban que los varones lo hacían, y tienen hijos, y van al supermercado, y contratan a otras mujeres para hacer los trabajos que ellas no quieren o no pueden hacer, y se operan para gustar, y se matan de hambre para entrar en el talle más chico que consigan, y lo peor de todo, si no logran hacer alguna de todas estas cosas en forma simultánea, sufren y se frustran. Y: ¿por qué?

No estoy seguro. Acher nos propone una excelente pista. Yo podría agregar mi sospecha de que por otro lado, no es responsabilidad única de la mujer. Si el varón no pone su parte en este nuevo juego de roles, la mujer va a tener que hacer lo que quiere mientras también hace lo que el varón espera de ella, y eso aparte de difícil, es seguramente frustrante. No estoy hablando de ser sensibles, o aprender a cocinar algo más que un asado. Estoy hablando de que para ayudar a resolver el problema, el varón debería asumir un rol de real complemento en esta nueva sociedad; en una que tiene mujeres más activas y participativas en actividades que no sólo implican la crianza y el mantenimiento del hogar.

Volviendo a lo que nos sugería Sor Juana, si queremos mujeres más “interesantes”, con más actividades, que nos “satisfagan” no sólo desde “un” punto de vista, habría que cubrir con algo el tiempo que ella ha de dedicarle a esto. La mujer encontró un nuevo lugar que, a pesar de algunas cuestiones como esto de tener que cubrir demasiados frentes, en parte le gusta, y está bien que así sea, tenía ese derecho y lo ha comenzado a ejercer. No tiene sentido volver atrás. El asunto es ahora como compensar, en serio, los tiempos y las tareas, para que no sólo uno en la pareja tenga tres frentes que atacar, el profesional, el estético y el familiar. A la larga, la sobre exigencia de uno de los dos afecta el todo. Terminar de ajustar este nuevo contrato social ayudará no sólo a la mujer a vivir mejor, sino también al varón. Hay sociedades más avanzadas que otras, hay parejas más avanzadas que otras, aún así creo que nos falta a ambos, mujeres y varones, otro “largo camino por recorrer”.

Podría seguir tocando temas hasta escribir un libro completo, pero eso ya lo estoy haciendo por otra parte, así que por ahora lo dejo aquí, y que esto sirva como muestra.

Empecé hablando de la mujer con una poesía en la cual una de ellas se quejaba de los hombres. Voy a cerrar esta columna con una carta de un poeta varón (7) que… bueno, que como yo, creo, estaba fascinado con las mujeres:

“La poesía eres tú, te he dicho, porque la poesía es el sentimiento, y el sentimiento es la mujer.
La poesía eres tú, porque esa vaga aspiración a lo bello que la caracteriza, y que es una facultad de la inteligencia en el hombre, en ti pudiera decirse que es un instinto.
La poesía eres tú, porque el sentimiento, que en nosotros es un fenómeno accidental y pasa como una ráfaga de aire, se halla tan íntimamente unido a tu organización especial que constituye una parte de ti misma.
[…]
La poesía es en el hombre una cualidad puramente del espíritu; reside en su alma, vive con la vida incorpórea de la idea, y para revelarla necesita darle una forma. Por eso la escribe. En la mujer, sin embargo, la poesía está como encarnada en su ser; su aspiración, sus presentimientos, sus pasiones y destino son poesía: vive, respira, se mueve en una indefinible atmósfera de idealismo que se desprende de ella, como un fluido luminoso y magnético; es, en una palabra, el verbo poético hecho carne”.


J. R. Lucks



Referencias:

(1) Don Juan De Marco es una película estadounidense dirigida por Jeremy Leven, sobre un guión de su autoría, producida por Francis Ford Coppola y protagonizada por Johnny Depp, Marlon Brando y Faye Dunaway. Fue estrenada el 7 de abril de 1995.

(2) Don Juan es un personaje arquetípico, configurado en la literatura española y con larga descendencia literaria europea, creado por Tirso de Molina. También llamado burlador o libertino, se trata de un seductor valiente y osado hasta la temeridad que no respeta ninguna ley divina o humana; en algunas versiones se arrepiente al final de sus días, en otras no. Escribieron obras inspiradas en este personaje Antonio de Zamora, Molière (Don Juan, 1665); Samuel Richardson, Lorenzo da Ponte, libretista de Mozart, (Don Giovanni, 1787); Choderlos de Laclos, (famoso por su libertino vizconde de Valmont en su novela epistolar Las amistades peligrosas, 1782), Lord Byron (Don Juan, 1819-1824, incompleto por su muerte), José de Espronceda (1840), José Zorrilla (Don Juan Tenorio, 1844), Azorín y otros muchos (Alejandro Dumas, Edmond Rostand, y, más recientemente, Max Frisch).
El personaje y su actitud vital, denominada genéricamente “donjuanismo”, ha inspirado a numerosos ensayistas (José Ortega y Gasset entre ellos), que ven en la figura del seductor desde un inmaduro patológico y afeminado, próximo al narcisismo y a la homosexualidad, a una figura satánica y rebelde, a alguien típicamente romántico, o al arquetipo universal del seductor insatisfecho.

(3) Maitena Burundarena nació en Buenos Aires (Argentina) en mayo de 1962. Es la sexta de siete hermanos. Es autodidacta. En la década del 80 Maitena publicó historietas en distintos medios de Francia, España e Italia y, en la Argentina, en las publicaciones: Sex Humor, Fierro, Humor y Cerdos y Peces. En sus inicios, trabajó como ilustradora gráfica para diarios y revistas de Argentina y para diversas editoriales de textos escolares. Fue, también, guionista de televisión, tuvo un restaurante y un bar. A su primer libro de historietas, Flo, le siguieron los grandes éxitos, Mujeres Alteradas 1, 2, 3, 4, y 5. Maitena tiene tres hijos.

(4) La Política. Aristóteles. Obras Filosóficas, Editorial Océano.

(5) Gabriela Acher, nacida en Uruguay, ha desarrollado su carrera como actriz de comedia en Buenos Aires. Ganadora de los premios Martín Fierro y Estrella de Mar por su labor en televisión y en teatro, respectivamente, así como del Elvira Rawson por su lucha a favor de la igualdad entre mujeres y hombres. Es autora de varios libros.

(6) La guerra de los sexos esta por acabar... con todos. Gabriela Acher. Editorial De Bolsillo, 2005.

(7) Cartas literarias a una mujer. Gustavo Adolfo Bécquer. Obras Selectas, Editorial Edimat.




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jueves, octubre 18, 2007

21–09–07. Las cicatrices que dejan las madres

El domingo es el día en que se festeja el día de la madre en nuestro país, así que traje algunas cosas sobre las madres. Ustedes saben que las madres son las primeras maestras, y es así, las madres son las que enseñan las primeras cosas, casi diría que las más importantes. Pero últimamente se ha publicado un estudio que muestra que no sólo enseñan a hablar, a caminar, a sentir los primeros amores y por lo tanto a amar, si no que también enseñan disciplinas más complejas, a saber (1):

1. Mi mamá me enseñó religión cuando me decía: –Mejor reza para que esto salga de la alfombra.
2. Me enseñó lógica cuando me repetía: –¡Porque yo lo digo!... y punto.
3. Me enseñó a ser ahorrativo cuando me sugería: –Guardá las lágrimas para cuando yo me muera.
4. Me enseñó ósmosis cuando ordenaba: –¡Cerrá la boca y comé!
5. Me enseñó flexibilidad diciéndome: –¡Mirá la roña que tenés en la nuca!
6. Me forjó en la constancia pronosticándome: -Te vas a quedar sentado hasta que termines esa sopa.
7. Me enseñó envidia y matemáticas al mismo tiempo cuando sentenciaba: –Hay millones de chicos menos afortunados en este mundo, que no tienen madres tan maravillas como vos.
8. Me enseñó ventriloquia insistiéndome: –¡No me sigas más, calláte y decime de una vez por qué lo hiciste.
9. Mi mamá me enseñó técnicas odontológicas: –Me volvés a contestar y te voy a estampar los dientes en la pared.


Y podría seguir la lista, ¿no? Cada cuál debe tener su frase favorita. Pero lo cierto es que todos en general, tarde o temprano, terminamos entendiendo que el esfuerzo que nuestras madres hicieron fue fabuloso aunque muchas veces nosotros lo hayamos desperdiciado. Es muy probable que el amor de madre sea uno de los amores más cercanos al ideal. El resto puede ser calentura, interés mutuo, compañerismo, o hasta amor; pero si hubiese una tabla para medir las distintas graduaciones del amor verdadero, es muy probable que el de las madres fuese de los más puros.

Lo cierto es que muchas veces ese amor deja cicatrices, así que les voy a compartir un cuento (2) que muestra este aspecto del amor de madre:

En un día de verano un niño decidió ir a nadar en la laguna detrás de su casa. Se tiró al agua y nadaba feliz. No se daba cuenta que un cocodrilo se le acercaba. Su mamá, desde la casa, miraba por la ventana y vio con horror lo que sucedía.
Enseguida corrió hacia su hijo gritándole lo más fuerte que podía.
Oyéndola, el niño se alarmó y comenzó a nadar hacia su mamá. Era demasiado tarde. Desde el muelle la mamá agarró al niño por sus brazos justo cuando el caimán le agarraba sus piernitas. La mujer tiraba con toda la fuerza de su corazón. El cocodrilo era más fuerte, pero la mamá era mucho más apasionada. Un policía que escuchó los gritos corrió hacia el lugar y con su pistola mató al cocodrilo. El niño sobrevivió y, aunque sus piernas sufrieron bastante, con terapia pudo llegar a caminar. Cuando salió del trauma, un periodista le preguntó al niño si le quería enseñar las cicatrices de sus pies. El niño levantó la colcha y se las mostró. Pero entonces, con gran orgullo, se remango las mangas y señalando hacia las cicatrices en sus brazos le dijo:
–Pero las que usted debe ver son estas –eran las marcas de las uñas de su mamá–. Las tengo porque mamá no me soltó y me salvó la vida.


En general las cicatrices que deja el amor son como estas, no dejan de ser cicatrices, pero uno en general las atesora, porque tarde o temprano entiende de que o fueron por el propio bien, o al menos, el que nos las dejó lo hizo pensando que era así. Por eso: gracias a todas las madres por las cicatrices que nos han dejado con sus enseñanzas y con su amor.

Para cerrar déjenme contarles otro cuento cortito (3), que explica porqué las madres son como son:

Estaba el creador en su taller trabajando arduamente en su última creación, cuando de repente, un grupo de ayudantes, intrigados, se atrevieron a interrogarle:
–¿Qué haces señor?
–La más grande de mis obras maestras –contestó–
–¿En qué consiste? –preguntaron.
–En un ser de tres pares de ojos y seis brazos.
Y sorprendidos, exclamaron:
–¡Y para que le van ha servir tres pares de ojos!
–Un par de ojos es para que pueda apreciar la belleza que le rodea, el segundo para comprender cada acción que realicen los pequeños de su especie, y el tercero para leer los pensamientos, las palabras no pronunciadas, para que pueda ver los corazones, y ante los cuales no pueda haber secretos.
–Y tantos brazos, ¿Para qué?
–Los primeros dos son para servir. Desde esforzarse en el trabajo más arduo hasta cultivar la flor más delicada. Dos más serán para acunar y acariciar con ternura y amor, y los últimos para levantarlos y luchar contra la injusticia y el abandono.
–Señor, este nuevo ser que estás creando, ¿Será inteligente?
–Tendrá capacidad ilimitada para abordar los temas más intrincados, poseerá la sensibilidad del poeta, el pensamiento mágico de la fantasía, y sabrá encontrar estrellas y esperanzas en los campos más áridos y desiertos.
Los ayudantes no cesaban de preguntar:
–Oye Señor, Y este ser tan raro, ¿Tendrá alguna función especial?
–Miren, con un solo beso podrá mitigar el llanto de un pequeño, perdonar la falta más grave, dar aliento a un valiente, acariciar el alma de un anciano, y seducir al guerrero más poderoso.
Uno de los ayudantes, tocó el modelo en proceso y exclamó:
–¡Señor, parece muy débil!
–Su aspecto es frágil pero su fortaleza es incalculable, puede soportar hambres, miserias, dolor, abandono, pero jamás se dará por vencida. Sabe hacer milagros con los alimentos, y tendrá la virtud de sonreír en medio de la adversidad.
Los ayudantes finalmente preguntaron.
–Oye, ¿Y cómo vas a llamar a este ser tan raro?
–Será reconocido por ser forjador de seres humanos extraordinarios, su aroma permanecerá por siempre, y su nombre estará escrito de forma indeleble en la humanidad. Finalmente hizo una larga pausa, como meditando el nombre que le daría, y sonriendo ante lo más sublime de su creación exclamó:
–Le llamaré: Madre.


Felicidades a todas el domingo.



Bibliografía

(1) El original de esta lista puede hallarse en: http://www.lukor.com/humor/textos_aprendimama.htm

(2) La versión desde donde se adaptó ligeramente este cuento puede encontrarse en la siguiente dirección:
http://www.motivaciones.org/ctosecicatricesdeamor.htm

(3) Este cuento en otra versión puede hallarse en: http://www.buscadichos.com/Pensar/pensar_obra.htm





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